Pereza
La ira

Ira y amor están dentro en el pecho y cada cual me causa un mal extraño; el amor fue principio del engaño; después, del mismo amor nació el despecho. Deseo aborrecer por mi provecho, visto que del amor me viene el daño; mas no basta la ira en mal tamaño el nudo deshacer que amor ha hecho. Ira me mueve a ser vuestro enemigo y muéstrame razón por que lo sea; mas ¿qué vale, si amor a amar me tira? Y así mientras los dos tratan conmigo, es fuerza que la triste alma se vea, siendo esclavo de amor, sujeto de ira. Autoría de: Gutierre de Cetina |
Liberando tu alma

Masquerade
Tu Alma
Mariposa Negra
En estos poemas se encuentran:
Todos los recuerdos de nuestro amor,
Forjados con turbia pasión.
Ahora están escritos en blanco papel,
Como en su momento lo hiciste en mi piel.
Hoy te hablo de mi devoción,
Escritos por mi… y por tu corazón.
Contigo mi vida fue un poema,
Hoy sin ti… mi alma triste enferma.
Los recuerdos vivos llegan a mí,
Cuando leo estas líneas sin fin.
Tuvimos un pacto de sangre y rosas,
En el cual rompiste tus promesas.
Y ahora, nuestras almas parecen fantasmas
Recordando un instante de nuestras vidas pasadas.
Ginebra Blonde
No te he visto, pero sé que estás ahí…
pues conozco el aroma de tus letras,
cuando florecen ante mí.
Bebo de la imagen de tu mente,
que se evapora en mis labios dulcemente,
pues sé que tu corazón vertido en poemas,
florece cada día, en el escrito de tus morfemas.
Eres misteriosa, eres hermosa, eres la señora,
que impregnas de letra mi piel, hermosa sombra seductora,
vivo de tus pensamientos, proyectados en mi corazón,
ya en mis sueños, mis delirios te extrañaban sin razón.
Hoy tu alma renace como el fénix,
tan brillante como el sol,
cautivas a todos, con tus escritos de desamor.
Eres hermosa señora Ginebra,
tu mi gran hechicera,
pues con tu magia mi alma libera,
ese amor que mi corazón alberga.
(Gracias elegante dama, por regalarnos un poco de tu corazón)
Nace el Deseo
Voy a perderme en ti,
acercarme como un sutil pensamiento,
cómo se posa una pluma llevada por el viento.
Acercar tu boca a mi boca,
despacio,
midiendo tu cuerpo atado al mío
prolongando el instante
para seguir muriendo.
Mis manos atadas a tu espalda,
mi ardor incrustado en tu pecho.
El fuego crepita en mis venas.
El aire se escapa en jadeos...
La sangre fluye a raudales,
en un viaje al desfallecimiento.
Desatas mi locura con tu boca,
cuando susurras en mi silencio...
No… no pares, no me sueltes,
Y mis poros gritan tu nombre,
allí… atada a tu lecho
es donde nace el
deseo...
Donde se consume mi amor…
Y tu… inmóvil e inofensiva
Pierdes todo tu temor








